El pasado 7 de febrero de 2010 los amigos del Club Ciclista Sonseca organizaron una ruta MTB para recabar fondos para Haití (a través de Cruz Roja). La inscripción iría integra para paliar en lo posible el sufrimiento del pueblo haitiano. Motivos todos suficientes para animarnos a pedalear por ellos. Y como si esto no fuera suficiente, estaba el aliciente de conocer la increible Vereda del Fraile y la espectacular subida al Pico Amor (casi 1400m de altitud, si, en La Mancha).

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Dos videos de la Vereda del Fraile: VIDEO 1 (Paco) VIDEO 2 (Franco y Javi)

Unos cuantos ciclistas llegados de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Villacañas nos unimos a los 350 participantes de esta ruta, donde abundaban niños, mujeres y todo tipo de ciclistas, dando colorido y una sensación de paseo muy agradable. Salimos de Sonseca en dirección a Arisgotas por la Cañada de Las Merinas, paralelos al arroyo Arisgotas. Llegados a esta población, pedanía de Orgaz y que alberga un modesto museo de arte Visigodo (abundando los restos de esta época en toda esta zona), cojemos el camino de Santa Bárbara, que nos acerca cada vez más hacia la Sierra de Los Yébenes, una de las tantas formaciones montañosas de los Montes de Toledo, que forma una extensa cordillera en dirección este-oeste.

Poco a poco vamos ascendiendo de cota ,partimos de los 750m y nos ponemos en los 900, a la altura de las Casa de la Estrella, donde pronto comenzará la interesantisima Vereda del Fraile, que va al pie norte de la Sierra de los Yebenes durante varios kilómetros, describiendo, entre abundante vegetación un sinuoso sendero donde solo cabe una bici. El sendero atraviesa los Quintos del Judio, La Garganta, Las Minas, pasa por la Casa del Quinto de San Martín, llega a las ruinas del Convento del Castañar (visita que dejamos pendiente) y llega hasta las Ventas con Peña Aguilera.

En la zona de La Garganta nos reagrupamos y nos separamos del grupo, que vuelve a Sonseca. Nosotros continuaremos en dirección este para adentrarnos en la gran sorpresa que es un monte como el que hemos recorrido. Nos desviamos de la vereda y nos adentramos en la zona de San Martín de la Montiña, hacia un bosque espeso y húmedo de encinas carrascas, donde abundaban los senderos y el agua. Finalmente llegamos al camino del Puerto de Valdepalacios, que será el que nos haga ascender hacia el Pico del Amor.

Se trata de una zona entre dos cordales que superan los 1200m y los 1300m , zona conocida como El Castañar. Pasamos una vieja casa, la Casa de Caceros, y empezamos a ascender, a veces por difíciles tramos de rocas, que nos elevan entre pequeños bosques de robles, ahora sin hojas. Esta es una zona preciosa, que nos recuerda a zonas del norte de España. Una zona húmeda, en sombría, en la que abundan las fuentes y los arroyos. Resulta dificil pensar que estamos en La Mancha. En un momento, a través de varias curvas, nos plantamos de los 1100m a los 1230, en un collado que ya nos anuncia los últimos metros hacia el Pico del Amor, a 1379m de altura. La llegada al cordal nos deja ver unas vistas espectaculares hacia el norte, todo el valle del Tajo, jalonado por encinas..y al fondo el Sistema Central, encumbrado por nieve y sobre las nubes…un espectáculo de repetir.

Contemplamos el espectaculo de la altura, de los valles, de las nubes, de las montañas, y bajamos por donde habíamos subido, dejando la bajada por la que continúa el camino para futuras visitas a la zona. La bajada es peligrosa, mucho desnivel y un terreno en muy mal estado, piedras sueltas que te pueden hacer dar algún llantazo que que haga rebentar las ruedas.

En la bajada Víctor tiene una avería, que le inutiliza la transmisión, por que optamos por remolcarle Rubén y yo, ya que no hubo más voluntarios…Con tres recamaras hacemos un sistema de arrastre que quizás patentemos. Aquí os dejamos dos fotos del artilugio hechas por Javivi:

Así llegamos hasta casi Sonseca. Menos mal que Javivi se adelantó para cojer su furgoneta y alcanzarnos para recojer a Víctor y a su bici.

En definitiva, una ruta estupenda gracias a la compañía, a los motivos y a la naturaleza que a veces nos sorprende con paraisos tan cercanos.